Escalona, Muñoz, Bianchi: basta!

Es uno de los efectos nocivos de los “grandes asuntos” que acaparan la agenda noticiosa. Cuando temas como Los 33 y Punta de Choros se roban el interés de todos los medios de comunicación, es el momento propicio para que otros asuntos no menos relevantes pasen colados. Es el momento de las hienas. Pero El Mostrador está haciendo bien la pega, y nos informa que tres senadores (dos PS + un independiente) han presentado un proyecto de ley que, entre otras cosas, “busca castigar a los administradores de sitios web por comentarios ofensivos que lectores y usuarios hagan en las secciones de comentarios de sus páginas”. Grave. No soy abogado, y mucho menos experto en políticas de regulación, pero si soy un usuario frecuente de blogs, foros y plataformas de libre acceso y libre comentario. Tampoco tengo la capacidad de argumentar con la constitución en la mano, pero me huele que lo de Escalona, Muñoz y Bianchi es potencialmente muy peligroso. Este es uno de esos temas que puede ser abordado desde múltiples miradas: la libertad de expresión, la prensa y lo que legalmente se entiende por un Medio de Comunicación, el legitimo derecho de las personas a no ser vejadas ni humilladas, etc, etc. Pero a mi lo que me incomoda siempre es la lógica a través de la que se se pretende hacer responsable al administrador de una plataforma por lo que ocurra dentro de ella, sobre todo si esas plataformas fueron concebidas como sistemas dinámicos que integran opiniones, comentarios, rabietas, pataletas (o lo que sea) que provienen de terceros reaccionando al contenido editorial posteado. Es como si yo pusiera un diario mural de corcho en medio de la plaza de armas y cualquier persona pudiese pasar y dejar una nota o una foto, y la policía me tocase la puerta para hacerme responsable de una nota en al que se insulta al alcalde, posteada por un transeúnte. Extraño, no? Claro, alguien podría decir: “si es un medio de comunicación, debes hacerte responsable”. Pero esa exigencia es inviable cuando los medios de comunicación dejan de concebirse como un esfuerzo unidireccional y altamente editorializado, y pasan a ser esfuerzos colaborativos y múltiples. Lo que sabíamos y exigíamos a los medios hace 10 años (y durante todo el siglo XX) ya no es necesariamente válido, desde la mirada más abstracta y conceptual, hasta la más rastrera y banal de la viabilidad práctica de las cosas. La élite- y sus aliados más cercanos, los medios de comunicación tradicional- siempre han intentado proteger los espacios de poder que les resultan más valiosos, y esta iniciativa no me huele a un intento por proteger a los ciudadanos, sino más bien a imprimir un poco de miedo a una dinámica orgánica– y si, bastante ruidosa- que se genera en un espacio que ellos no controlan, y mucho menos dominan. Huele a conservadurismo destilado. Ahora, cuento a parte es que quienes promueven la iniciativa sean en su mayoría del PS. Como le leí en un tweet a Martín Vinacur hace unas semanas: existe el conservadurismo socialista, aunque pareciera ser una contradicción en si misma. Ejemplos hay millones, pero el asunto nunca deja de sorprenderme. Se dará cuenta el senador Escalona que en sus años de combatiente anti-dictadura, una bestia mutante como Internet habría hecho todos sus esfuerzos por derrocar al régimen de Pinochet más eficientes y más reverberantes y que, seguro, qué duda cabe, la Junta la habría intentado regular, censurar, y acallar? Hay algo triste en una generación que sistemáticamente muestra que ha llegado a observar de manera ortogonal y torpe una realidad que en otros tiempos no habría sido más que una extensión natural de sus creencias. OK, demasiado largo y random el post este, pero una última consideración: mucho se dice acerca de que en la red somos todos monos con navajas y que es una gran oportunidad mal usada, etc. Es posible que haya algo de verdad en ese argumento para despreciar la dinámica online de hoy, pero ojo, una sociedad que es capaz de comentarse a si misma de manera sostenida, aunque de esos comentarios sólo sean relevantes o profundos un 1%, es una sociedad más democrática y más valiosa que la que no que no comenta. Ese si es un hecho irrefutable.

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